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  • Ramon Sagués

Prólogo -Castellano-

Updated: Mar 23

Esto que estoy contando Iba a ser el primer capítulo de un largo viaje y / o un cambio de vida. Sin embargo, se ha convertido en un magnífico prólogo.

Quizás esto no sea malo, una historia siempre va precedida de un prólogo.


Lo teníamos todo calculado. Alquilar casa, dejar el trabajo, vender todas las cosas que no necesitábamos. Y sobre todo, ahorrar, ahorrar mucho.

Todo empezó hace años, tal vez diría, décadas. En un sentimiento quizás primario, e incluso sin ningún razonamiento previo donde la obtención de la felicidad es el resultado de una ecuación muy sencilla.

Lo que me hace más feliz es pedalear, ver lugares nuevos y sobre todo guiado por un impulso interior irrefrenable de sentir que cuando estoy en un lugar, tengo ganas de irme. Una energía interior que a veces cuesta canalizar.

Y así es. La vida, sociedad o un conformismo nos va llevando hacia un camino que quizás no es lo que uno soñado. Tienes dos opciones: la fácil, no cuestionar nada e ir haciendo. O bien, la no tan fácil, impulsado por una crisis de los 40 de manual, enviar todo a la mierda y sacar aquel “punk” y antisocial que siempre has sido.

Van pasando los días luchando contra molinos de viento en forma de gente tóxica intentando convencer-te que no lo hagas. El único escudo son mis propias teorías de la libertad y / o obligaciones que tienes en esta vida.

Hasta que en un momento de "subidón" provocado por una sobredosis de café le dejas ir a Mercè:

- El día de salida es el 14 de Marzo.

Y haciendo una metáfora de primero de básica sigues:

- Y esto es como un tren, que sigue su camino y no se esperará a la estación.

Mercè acostumbrada como nadie a mis neuras, afirmará que sí con la cabeza.


Lo teníamos todo preparado, nuestras bicicletas, unas Surly de acero indestructible con Rolhoff para evitar cualquier contratiempo y unos neumáticos de montaña de 29x2.6 "que nos deberían permitir circular por cualquier camino. Iríamos cargados con todo lo necesario para sobrevivir a cualquier lugar, ser totalmente autosuficientes, poder beber de charcos, cocinar con cualquier combustible, cargar aparatos electrónicos con el Sol y mil y un repuestos para solucionar cualquier avería.




La idea era clara, empezar desde casa y pedalear tan lejos como tuviéramos ganas, sin fecha de regreso, sin ruta marcada, sin un destino claro, sólo por el placer de sentirnos libres.

Pero el director de esta historia tenía preparado un giro de guión brutal. Un virus que empieza en China se va extendiendo por el Planeta. Comienza como una noticia internacional en un pequeño recuadro de algún diario, pero en pocas semanas está en portada de toda la prensa mundial. Este virus se acerca a la misma velocidad que el día de nuestra salida. Lo escribo ahora y hasta me parece un relato surrealista fruto de un guionista mediocre de película de sábado por la noche.

Ya con las bolsas preparadas y nuestra casa alquilada, no teníamos otra opción que no fuera la de marchar ... nuestro tren no entiende de cancelaciones.

El plan era avisar a amigos y familias para hacer unos primeros kilómetros juntos hacia nuestra nueva etapa de la vida. El día antes de partir, el Presidente declara el estado de emergencia, las nuevas medidas del mismo anunciarían en menos de 24 horas ...


La primera etapa prevista de este largo viaje era Barcelona-Tossa de Mar, donde mis padres tienen una casa.

Finalmente, decidimos marchar por la puerta trasera a la francesa. Con la incertidumbre presente no era momento de despedidas ni celebraciones. Más bien era marchar con la sensación de aquellas imágenes de la gente huyendo hacia Francia con todo lo que podía cargar el año 39.



Pues sí, en ninguno de mis pesadillas, cálculos de catástrofes o posibles imprevistos aparecía la posibilidad de realizar una cuarentena encerrados en casa hasta nuevo aviso. No quería ser libre? pues acabo encerrado en casa. Dios estoy seguro de que no existe pero el Karma ...

Cuando mentalmente te has preparado para vivir como un animal salvaje, si de golpe te encierran en una jaula, te puedes volver loco. Pero sinceramente, y siendo realistas, no somos animales salvajes. Estamos más acostumbrados a estar encerrados en casa que a dormir bajo las estrellas. Esta mierda de sociedad me ha educado para esta mierda durante años.

Tengo que decir que en este arresto domiciliario nos estamos adaptando bastante bien. Pero ahora a pesar de llevar sólo una semana de clausura, he descubierto un nuevo temor dentro de mí. Nos afectará el síndrome de Estocolmo?